sábado, 9 de octubre de 2010

Sin Inspiración

A low low rider, low shoulder, low low low....si todo está low no hay inspiración. Es probable que la culpa la tenga T, que me ha obligado a no pensar más de 140 caracteres a la vez.

Conveniente nuestra situación; yo hablo, él escucha, yo bromeo, él escucha, yo me quejo, él escucha. Sin contradicciones por parte de él, que bien sabe que no me puede ganar. Los demás no lo saben aún y siguen intentando.

T tan paciente y comprensivo, siempre tratando de mejorar.

Experiencia religiosa, tal vez, nunca he tenido una. La otra mitad que me hacía falta, no lo creo, no sabía que no estaba completa.

Mi declaración de independencia no llega aún, pero él me hace pensar que está cerca, que un día voy a dejar de decir y empezar a hacer. Todo se suma entre sí sin sentido alguno y con todo el sentido necesario.

T tan paciente y comprensivo, siempre tratando de mejorar.

Sin inspiración buscando qué pasará a continuación...

domingo, 18 de abril de 2010

Ratatouille, Los críticos también son humanos.

Pixar y Disney demuestran nuevamente su capacidad de traer propuestas innovadoras utilizando una fórmula que ha comprobado ser efectiva, la unión de personajes humanos y elementos mágicos.

En esta ocasión nos adentramos en el mundo de la alta cocina en Paris a través de los ojos de una rata, Ratatouille resulta ser más que un platillo o el nombre de la película, Ratatouille es la unión entre diferentes seres vivientes quienes tienen una meta en común, vivir de sus pasiones y encontrar un lugar en el mundo.
Como en cualquier historia los personajes debe de enfrentarse a diversos obstáculos con el fin de lograr su objetivo; que van desde la desaprobación de la familia de la rata Remy, la poca fe en sí mismo del personaje humano, Alfredo Linguini, hasta la malévola participación del crítico culinario Antón Ego.

Antón Ego, personaje enigmático quien arruinó al mejor chef de Paris Auguste Gusteau, causante indirecto de su muerte por quitarle su única pasión y quien cabe mencionar solo estaba haciendo su trabajo. La presencia de Ego se hace presente en los primeros minutos de la película, para desaparecen posteriormente teniendo una presencia omnipresente la cual pone a todos en el restaurante Gusteau nerviosos.

Cuando vuelve a aparecer en la película es para indicar que el chef Alfredo Linguini será puesto a prueba, tendrá que probarles a todos lo bueno que es y que su talento como chef es legítimo. Para que esto sea posible Antón Ego tiene que intervenir, es él el representante del pueblo quien sabe qué está bien y que no lo está.

Y es que debemos de recordar que en efecto un crítico de cualquier tipo es aquel que a través de la práctica tiene las habilidades necesarias para dictaminar que es realmente recomendable y digno de nuestra atención.

Linguini sin embargo, sabe la verdad su talento no tiene nada de legítimo y si no fuera por su compañero roedor nunca hubiera pasado de lavaplatos. A pesar de que Linguini sabe la verdad se ve momentáneamente cegado por una confianza falsa que lo hace alejar a Remy dejándolo sin esperanza alguna de cumplir las expectativas de Ego.

Después de la intervención mágica característica de Disney, Remy se convierte en el héroe de la historia salvando a Linguini en el último momento con la ayuda de su familia de roedores quienes ahora están a cargo de la situación.
Ratatouille el platillo elegido, el resultado una regresión a su infancia por parte de Antón Ego dejándolo desarmado frente a tan agradable recuerdo. Sorprendente, no lo creo, y es que en toda la historia nos habían hecho olvidarnos de que como cualquier otro humano un crítico también tiene debilidades. En este caso fueron sus memorias, aquellos recuerdos de la comida de su madre que hicieron a Antón Ego caer bajo los hechizos del arte de Remy.

Pero la historia de Antón Ego no termina aquí y es que tras el encuentro que tuvo Linguini con la realidad debe de redimirse ante Remy para lo que se confiesa con Ego haciéndolo partícipe de toda la verdad.
Una rata en la cocina en donde preparan tus alimentos no es algo que plazca a ninguno y mucho menos a un crítico culinario, y si a esto le agregamos que la rata no solo estaba en donde tu comida fue hecha sino que la rata fue la autora del platillo que te hizo estremecer. Sabiendo todo estos qué hará ahora el implacable Antón Ego.

En la “vida real” probablemente clausuraría el restaurante por razones de salubridad, pero debemos de recordar el acuerdo que hicimos con Pixar y Disney por el cual podemos ver mas allá de la realidad conceptual a la que estamos acostumbrados y por el cual comprendemos como Ego pudo entender que lo importante de cualquier labor es hacerla con toda la dedicación que tengamos, siempre dando más de nosotros, entregándonos sin restricciones, no porque nos obliguen sino porque es lo único que podemos hacer por estar tan apasionadamente comprometidos con nuestro trabajo.

ÉL

¡Esther!

¡Le eché leche en Yemen!

¡Quedé de verle en el tren!

Debe de ser él

Mmmm nel.

domingo, 28 de febrero de 2010

La Pista

En la monotonía de mi trabajo siguiendo la pista de un informante anónimo, me dirigí al muelle mientras el sol opacaba con el reflejo del agua lo carcomido de la madera, pude divisar el barco del que mi informante había hablado.

Mientras este se acercada, en mi mente podía visualizar el titular de mi historia, la que me haría famoso. Que desapareció cuando escuché una explosión me hizo volar junto con mi única pista y rebote sobre el agua cerca del muelle ahora inexistente. Mi trabajo de periodista nunca me había preparado para esto, mientras me hundía lamente no haber tomado las clases de buceo que me mi amigo Pato Romero me había ofrecido.

Mis tetas me hundían y mis ojos se abrían, desperté apachando al cerdo que con fuerza decía: “Vaca mierda! Quítate de encima”

Ingrid Barrilas
José Fuentes Cabrera
William Romero
Yomara Arnold

domingo, 3 de enero de 2010

Los Bosques

En la soledad de la noche mientras los árboles deambulaban por el planeta se dieron cuenta de cómo el viento retumbaba en sus troncos, produciendo gran variedad de sonidos que al parecer intentaban hablarles y de los cuales no tenían control alguno.
Los años pasaron y los árboles discutían todo el tiempo acerca de cómo controlar la manera en que el viento los hacía sonar y descifrar lo que decía.
-Creo que debemos de aprender a movernos con el viento, de esa manera escucharemos mejor lo que nos quiere decir –dijo el Pino con el espíritu aventurero que lo caracterizaba.
-Eso es muy complicado, algunos de nosotros no podemos movernos tan ágilmente – le hizo ver el Roble un poco disgustado.
-Tal vez si nos agrupamos por especies el sonido será más uniforme -comentó el Ciprés tratando de hacerlos entrar en razón.
Discusiones como ésta fueron parte de su vida por miles de años, todas resultaron ser inútiles ya que los árboles seguían sin comprender los sonidos del viento que tanto interés despertaban en ellos. Cierta noche los árboles decidieron que era tiempo de hacer algo al respecto.
-¡La solución es dejar de movernos! -dijo el Roble efusivamente –Si no nos movemos el viento no tendrá ningún problema para encontrarnos y decirnos lo que quiere.
-Estoy de acuerdo- dijo el Pino –además los nuevos habitantes del planeta siempre están en nuestro camino, estoy seguro que he aplastado a más de uno.
-Pero si dejamos de movernos no podremos hablar entre nosotros –hizo ver el Ciprés rápidamente.
-Tal vez es momento que nosotros dejemos de hablar y escuchemos lo que el viento nos quiere decir –indicó el Roble con gran seguridad. Y así lo hicieron, dejaron de moverse buscando lugares en donde podían seguir creciendo asegurándose que su familia estaría bien, dejaron de hablar y empezaron a escuchar cuidadosamente al viento que les hablaba. Es así como desde hace 100,000 años los árboles pasaron a formar bosques en donde podemos escuchar al viento hablarles, aunque escuchamos sonidos ahora somos los humanos quienes buscamos descubrir qué es lo que les dice.